¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS A TODOS!!

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Hoy, 22 de marzo de 2015, "Mis lecturas" y yo, cumplimos nuestro segundo año compartiendo eso: lecturas; mejor decir, comentarios de lecturas.
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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Amor, Clarice Lispector

Título: AMOR*
Autora: Clarice LISPECTOR
Género: Relato breve
Editorial Palabras

* “Amor” fue publicado originalmente en el año 1960, y pertenece a la colección Laços de Familia


Relato no demasiado largo, de diez páginas, en el que el narrador (narradora en este caso), en tercera persona, nos cuenta la historia de Ana, la protagonista.
A pesar de tratarse de un narrador en tercera persona, esta voz narrativa lo que hace es canalizar, a su vez, la voz de la autora quien, más que contarnos la historia de Ana, una mujer casada, adulta, madre de dos hijos, quizá ya cercana a la cuarentena, lo que hace es transcribir los pensamientos de Clarice, es más, su propia vida. Es un fluir de conciencia en el que se entremezclan sensaciones, sentimientos recuerdos y deseos.
A la hora de mostrarnos al personaje femenino, Ana (la única que tiene nombre, la única importante en todo el relato, los demás son los actores secundarios de esta historia), la autora no la describe, sólo dice de ella: 
 “Ana prestaba a todo, tranquilamente, su mano pequeña y fuerte, su corriente de vida. Cierta hora de la tarde era la más peligrosa. A cierta hora de la tarde los árboles que ella había plantado se reían de ella. Cuando ya no precisaba más de su fuerza, se inquietaba. Sin embargo, se sentía más sólida que nunca, su cuerpo había engrosado un poco…”.
Con estos dos ínfimos detalles podemos imaginar a una mujer de mediana edad, no muy grande de estatura y algo gruesa. Lo que describe la autora es una “mujer-madre-ama-de-casa-esposa” tradicional y universal, la que todo el mundo conoce y, por tanto, no es preciso hacer una descripción detallada.
Los demás personajes, como pongo más arriba, son “extras”, seres que rodean a Ana, que no están ni siquiera descritos (salvo un poco el ciego, los hijos y el marido). Todos ellos son necesarios para que se vea el “crecimiento”, el “choque” de Ana con la vida: la real y la que ella se ha “inventado” en su hogar, sus vaivenes, sus miedos pero, alguno de ellos bien podría no estar.
La protagonista piensa que “… la vida podría ser hecha por la mano del hombre”, una utopía que ella imagina para no “ver” todo el mundo que la rodea, para no sentirlo, porque ella se ha “creado” una vida a su medida. En otro momento dice la autora: 
“Por caminos torcidos había venido a caer en un destino de mujer, con la sorpresa de caber en él como si ella lo hubiera inventado. El hombre con el que se había casado era un hombre de verdad, los hijos que habían tenido eran hijos de verdad. Su juventud anterior le parecía tan extraña como una enfermedad de vida. Había surgido de ella muy pronto para descubrir que también sin la felicidad se vivía: aboliéndola, había encontrado una legión de personas, antes invisibles, que vivían como quien trabaja con persistencia, continuidad, alegría. Lo que le había sucedido a Ana antes de tener su hogar ya estaba para siempre fuera de su alcance: era una exaltación perturbada a la que tantas veces había confundido con una insoportable felicidad. A cambio de eso, había creado algo al fin comprensible, una vida de adulto. Así lo había querido ella y así lo había escogido. Su precaución se reducía a cuidarse en la hora peligrosa de la tarde, cuando la casa estaba vacía y sin necesitar ya de ella, el sol alto, y cada miembro de la familia distribuido en sus ocupaciones”. 
Ana se ha “fabricado un destino de mujer”, es decir, lavar, tejer, preparar la comida, llevar una casa, hacer las compras, tener hijos, cuidar de los niños, del marido y amoldarse a todo ello renunciando a su vida anterior, a su juventud, a la felicidad.
La vida y el mundo de Ana están encapsulados, como el huevo, en esa fina cáscara en la que se mueve, en unos momentos se trata del tranvía, en otros su casa…
Desde el tranvía va a ras de suelo, sobre unos raíles que le llevan a un destino predeterminado, pero, en un momento no previsto, mira a través de la ventanilla el mundo, ese mundo al que ha renunciado, y esa cáscara en la que se esconde, se resquebraja, se rompe ante ella ante la visión de un hombre ciego que masca chicle. El tranvía, en esta ocasión, le ha llevado hacia otra vida, hacia otra concepción de la vida y del mundo, cuando mira al ciego, con curiosidad, “como se mira lo que no nos ve” es el desencadenante de esa vuelta hacia atrás, hacia esa juventud alegre, feliz, sin responsabilidades, aún no olvidada, pero sí apartada de forma voluntaria al haber sido cambiada por un mundo de adulta. El ciego le “devuelve la vista”.
Ese ciego que sonríe sin sonreír, porque masca chicle, le trae a la memoria antiguos anhelos y deseos, los que ella teme en esa hora incierta de la tarde, cuando se queda sola. Y el autobús arranca y sus compras se caen y desparraman por los suelos y con ellas su mundo casero, feliz. Al romperse los huevos, metáfora de vida abortada, de un mundo pleno de vida y sabor que, al quebrarse, ese mundo-huevo-aborto se transforma en algo asqueroso; con su viscosidad se hace inmundo y, al poco, las yemas se convierten en algo viscoso y amarillo que ensucian la bolsa de malla, nueva, impoluta hasta entonces que deja de serlo para convertirse en algo áspero y no íntimo como cuando lo tejía. La bolsa, también metáfora de su mundo limpio, casero e impoluto.
Por eso ella se siente a salvo en su casa, en un noveno piso, desde el que ve el cielo y sólo se cuela la brisa a través de las ventanas.
Cuando no le queda más remedio que abandonar el tranvía, en una parada que no es la suya, llega al Jardín botánico donde entra para descansar, para hacer algo inusual, allí observa toda la vida, toda la belleza que bulle en él. Un belleza y una vida que, a su vez, conllevan todo un mundo microscópico, y no tanto, que hace su labor de zapa, con sus miserias que casi nos pasan desapercibidas: la belleza de una flor, junto con el olor nauseabundo de otra que agoniza; el tronco del árbol lleno de vida, “atacado” por los parásitos que se alimentan de él… 
“Inquieta, miró en torno. Las ramas se balanceaban, las sombras vacilaban sobre el suelo. Un gorrión escarbaba en la tierra. Y de repente, con malestar, le pareció haber caído en una emboscada. En el Jardín se hacía un trabajo secreto del cual ella comenzaba a apercibirse”.
Y este mundo, al regresar a su hogar, se da cuenta de que se repite en su casa: 
“El pequeño horror del polvo ligando en hilos la parte inferior del fogón, donde descubrió la pequeña araña. Llevando el florero para cambiar el agua -estaba el horror de la flor entregándose lánguida y asquerosa a sus manos. El mismo trabajo secreto se hacía allí en la cocina. Cerca de la lata de basura, aplastó con el pie a una hormiga. El pequeño asesinato de la hormiga. El pequeño cuerpo temblaba. Las gotas de agua caían en el agua inmóvil de la pileta. Los abejorros de verano. El horror de los abejorros inexpresivos”.
En cuanto a los diálogos, son escasos, los pocos que hay se encuentran al final del texto. Uno entre la protagonista y su hijo, a quien asusta con su cambio, porque el chico lo percibe; otro entre Ana y el marido a quien ni se describe ni se le, casi, “escucha”.
Se trata de un relato muy metafórico, simbolista incluso.

Mi teoría del huevo:
1 – Fuente de nueva vida.
2 - Aborto de gallina, capaz de alimentar a los humanos y, a su vez, fuente de vida.
3 – De manera simbólica: mundo que guarda una vida en su interior.
4.- Roto: aborto-muerte-mundo destruido: algo viscoso que repele, como la muerte.




Breve biografía de la autora.- Clarice Lispector nació en Tchetchelnik, Ucrania, en 1920. De joven su familia y ella se trasladaron a Brasil. Falleció en Río de Janeiro en 1977. 
Sorprendió a los intelectuales brasileños con la publicación de su primer libro, Cerca del corazón salvaje (1944), en el que desarrolla el tema del despertar de una adolescente, y por el que recibió el premio de la Fundación Graça Aranha en 1945. Lo que entonces se consideró una joven promesa de tan sólo 19 años, se convirtió en una de las más singulares representantes de las letras brasileñas, a cuya renovación contribuyó con títulos tan significativos como La hora de la estrella, Aprendizaje o el libro de los placeres o su obra póstuma Un soplo de vida, todos ellos publicados en la editorial Siruela.



El relato completo se puede leer en el siguiente enlace: