¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS A TODOS!!

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS A TODOS!!
Hoy, 22 de marzo de 2015, "Mis lecturas" y yo, cumplimos nuestro segundo año compartiendo eso: lecturas; mejor decir, comentarios de lecturas.
En veinticuatro meses han pasado por esta "casa" 23.579 personas.
Y hoy, 22 de marzo de 2018, tres años después, nos han visitado un total de 62.545 lectores.

¡¡GRACIAS A TODOS!!

jueves, 16 de abril de 2015

En la oscuridad - Anton Chejov




Título: Cuentos completos

Autor: Anton Chéjov

Editorial: Páginas de Espuma

Título del relato: "En la oscuridad"

Género: Relato realista

(Ver más detalles sobre la vida del autor y su obra en este mismo blog, en la entrada corespondiente a "La gaviota").


---o0o---

En la oscuridad

Se trata de un relato escrito en tercera persona por un narrador omnisciente (el que todo lo ve, todo lo sabe: pasado, presente y futuro, y el que juega con los personajes teniéndolos a su entera disposición).
Existen bastantes repeticiones -o rimas entre los finales de las palabras-, es decir, al tratarse de un texto traducido, con seguridad, todos esos fallos no los cometió el autor, Chejov, sino la persona que le tradujo o quien, a la hora de publicar los relatos, no hizo que un corrector técnico puliera el estilo.
No obstante, y ya puestos a hablar de estilo, parece que el autor es, de por sí, alguien sencillo. Sus historias son fáciles de leer y de entender pues son capaces de llegar a un sinnúmero de personas debido a esa sencillez del lenguaje empleado. Al menos, después de leerle, diría que, hasta la saciedad, todas sus obras me han parecido igual de amenas y fáciles dentro de su dificultad, porque a veces lo fácil es muy difícil de conseguir.
Chejov es irónico, mordaz, se nota su pequeño grado de misoginia que siempre sale a relucir en boca de sus personajes masculinos.
El título, pieza muy importante a la hora de escribir. Los títulos, por sí solos, ya nos cuentan una historia o nos dan pistas sobre lo que vamos a leer (aunque también hay otros que, por más que le busquemos un significado, algo que lo una al texto, es imposible hallarlo). En este relato, “la oscuridad”, es la base de todo él y el autor nos lo repite para que no se nos despiste:
* Habla de oscuridad porque la historia transcurre de noche.
* Es oscuro porque el personaje masculino se mueve entre las sombras.
* Hay oscuridad, sobre todo, y esa es la metáfora, en la vida de Maria Michailovna; una mujer que no ve más allá de sus narices, miedosa de sus bienes terrenales, preocupada más por ellos que por las personas. Un personaje, como todos, apenas esbozado pero que, gracias a los diálogos que son ágiles y familiares, nos dan las pautas de la forma de ser de cada uno de ellos.

Y, al hablar de personajes, los que pululan por la historia, se les vea o no, son bastantes:

- María Michailovna, protagonista. Su nombre, derivado del arameo, significa: Señora.
- Vasili, antagonista. Esposo, es quien le da la réplica. Su nombre, derivado del griego, significa: Rey, realeza, principesco, regio.
- Los niños, a los que ni se ven ni escuchan, sólo se les cita de pasada.
- Vasilia, la niñera, igual que los anteriores.
- El sereno.
- La sombra, que de repente se convierte en una vaca o un caballo, un poco más abajo, en el párrafo siguiente es un ser humano, luego un ladrón y medio párrafo después unos bandidos.
- El sereno.
- El bombero.
- Pelagia, la cocinera. Su nombre, derivado del latín, significa: hombre de mar, el que pertenece al piélago y en uno, más o menos hundida, vive la mujer: bajo una escalera, duerme sobre un arca bajo las cacerolas…
- Los veraneantes.
- Una tal Mavra.

Algunas figuras retóricas:

Una buena metáfora: “Es una costumbre inmemorial […] que el bombero vaya a visitar a las cocineras”. No creo que necesite explicarla.

Otra personificación: “…la cama se estremeció y los resortes, alarmados, gimieron”.

Una frase:

La perla misógina: “…reflexiona en tu cerebro de mujer, tu cerebro microscópico”.

Cosa extraña, la cocinera se revuelve contra su señor cuando éste viene a preguntarle por el “bombero”: “Pero ¿me quiere hacer perder la cabeza, señor? ¡Vamos!... ¿Me cree tonta? Me paso todo el santo día trabajando, corro de un lado para otro, sin parar ni un momento, y ahora me sale con esas historias. Gano cuatro rublos al mes..., tiene una que pagarse su azúcar y su té, y con la única cosa con que se me honra es con palabras como ésas... ¡He trabajado en casa de comerciantes y nunca me trataron de una manera tan baja!”. Pelagia compara a otros señores a los que ha servido, comerciantes como dice, con los actuales. Los primeros, los comerciantes, por lo general personas poco preparadas intelectualmente pero dotadas para las habilidades de la compra-venta, es decir, del comercio, son mejores que los actuales: la burguesía acomodada, más aún, forman parte de la nobleza y a éstos se les presupone un mayor nivel intelectual, por lo tanto unos modales más refinados, pero se puede ver a las claras las diferencias socialesDespués de la riña entre Vasili y la cocinera tampoco él sale muy bien parado, queda frente al lector como un calzonazos, corta la discusión con la excusa de que es su mujer quien le ha enviado.

Pudiera decirse que el final del relato es casi de los llamados en “corte de manga”, la señora tiene un nuevo quebradero de cabeza: “su marido tiene un lío con la cocinera”. No piensa en si lo que elucubra es o no real, pero ella lo cree con la transparencia del vidrio, paradoja que nos habla de la oscuridad con la que ve todo cuanto sucede a su alrededor. Y, no es capaz de pensar que en la casa, además de Pelagia, está Vasilia, la niñera...

Digo que se trata de un final casi en corte de manga (de los que terminan de forma abrupta, te dejan con la boca abierta y sin saber muy bien qué pensar), porque por muy raro que suene se trata de, a mi parecer, un final redondo. Me explico: viendo el comienzo del relato, esa “mosca de mediano tamaño” que recuerda a la figura de Maria, único personaje del que se dice que es “rubia, robusta y regordeta”, casi inmediatamente después de hablar de la mosca, ese bicho molesto que se le mete a Gaguin en la nariz y le hace estornudar… Esa mosca, digo, es la personificación de su mujer. La rubia esposa recuerda, por su persistencia, porque parece, con perdón, una mosca cojonera, el peludo animalito.

Juana Castillo Escobar
Sábado, 12-I-08